Clavé mis uñas en el cielo y lo sentí de cartón mojado,
recé hasta romperme la lengua y solo escupí óxido y nombres inventados,
recé hasta romperme la lengua y solo escupí óxido y nombres inventados,
me prometieron un ejército invisible zumbando justicia en mis venas,
pero el aire estaba muerto, sin pulso, sin furia, sin condena.
pero el aire estaba muerto, sin pulso, sin furia, sin condena.
Abrí los ojos dentro del abismo y el abismo bostezó aburrido,
ningún dios vigilando, ningún juicio, solo carne aprendiendo a pudrirse en vivo,
me dijeron “resiste, vendrán”, y resistí hasta volverme piedra,
pero no vino nada… solo el eco riéndose mientras la fe se quiebra.
¿Y si nunca hubo voz?
¿Y si siempre fue vacío?
¿Y si el cielo es solo un espejo
que refleja nuestro delirio?
Esos versos duelen y las preguntas se quedan sin respuesta, alguna dolería aun más. Un abrazo
ResponderEliminarMenuda poesia tan hermosa y a la vez honda y triste. siempre es un placer leerte
ResponderEliminarEl miedo ante la nada.
ResponderEliminarSalu2.
El cielo profusamente despejado, con cero nubes, parece un desierto azul
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