sábado, 6 de junio de 2026
domingo, 31 de mayo de 2026
Y que ves???
HOLA!!!
Tanto tiempo sin pasar por acá, he tenido ciertos percances este último tiempo, en un viaje a la capital, me he caído desde un cerro y me he quebrado la muñeca, lo que ha llevado a que tuviera una operación, mi mano quedo como la Harry Potter, era una culebra de goma, esto me ha tenido dos meses con licencia médica, el cual no he podido ir a trabajar, y como es una licencia estricta no he podido salir de casa. Ya que, si viene un inspector y no me encuentra en casa, me cuestiona la licencia a pesar de que tenga una operación en la muñeca, que además tuvieron que ponerme una placa con tornillos y todo.
Pronto, en una próxima entrada si desean imágenes de la cicatriz que me quedo y la placa que tengo en la muñeca derecha, espero que estén bien.
Saludos!
sábado, 9 de mayo de 2026
El Barco de la Muerte...
Desde un puerto sin nombre zarpó un navío,
cubierto de niebla, silencio y frío,
llevaba en sus bodegas algo invisible,
un huésped oscuro, pequeño e invencible.
No eran cañones ni pólvora vieja,
era un aliento que el miedo refleja,
como aquel tiempo que el mundo encerró
cuando el coronavirus las calles vació.
Crujía la madera bajo la tormenta,
la radio callaba, la brújula lenta,
y en cada frontera, puerto y ciudad,
crecía la sombra de una enfermedad.
Decían los viejos mirando la mar:
“las plagas aprenden también a viajar”,
y el barco avanzaba sin mirar atrás,
como si el destino lo empujara más.
Luego llegó el año del gran carnaval,
banderas y estadios, la fiesta mundial,
millones cantando bajo una ilusión,
noventa minutos latiendo en canción.
Pero en la multitud, entre cada abrazo,
viajaba escondido el siguiente fracaso,
un eco del mundo que no comprendió
las cicatrices que el tiempo dejó.
Las luces brillaban, rugía la gente,
y el miedo volvía callado y creciente,
como una marea difícil de ver,
naciendo despacio antes de crecer.
Y el barco, perdido en algún litoral,
seguía flotando, espectral y fatal,
recordando al hombre, con voz del océano:
que a veces el peligro navega en silencio humano.
MxAx
viernes, 3 de abril de 2026
miércoles, 1 de abril de 2026
sI, sI
Hoy yo me cayó que hablen otros...
domingo, 29 de marzo de 2026
Aún hay vida...
En la aridez profunda del norte de Desierto de Atacama,
donde el silencio arde y el tiempo se detiene,
una flor despierta rompiendo lo imposible,
susurra al viento: aún hay vida.
Y así florece, pequeña pero eterna,
desafiando al desierto y al destino,
como un latido verde en la nada infinita,
recordándole al mundo que aún hay vida.
miércoles, 25 de marzo de 2026
Silencio...
recé hasta romperme la lengua y solo escupí óxido y nombres inventados,
pero el aire estaba muerto, sin pulso, sin furia, sin condena.
Abrí los ojos dentro del abismo y el abismo bostezó aburrido,
ningún dios vigilando, ningún juicio, solo carne aprendiendo a pudrirse en vivo,
me dijeron “resiste, vendrán”, y resistí hasta volverme piedra,
pero no vino nada… solo el eco riéndose mientras la fe se quiebra.
lunes, 23 de marzo de 2026
Uno
Ni ángeles, ni trompetas, ni redención.
Solo un error en el cielo.
como si el universo hubiese parpadeado…
y en ese instante
algo miró de vuelta.
Semana Santa, dijeron.
Pero el tiempo ya no obedecía nombres,
ni los días se alineaban con la historia.
El calendario comenzó a sangrar números sin sentido,
y las sombras…empezaron a recordar.
La esfinge no despertó.
Nunca durmió.
Fue puesta ahí antes del lenguaje,
antes del miedo,
antes de la idea misma de Dios.
Un umbral…
o una advertencia que nadie supo leer.
Y entonces abrió lo que no era una boca.
No había carne, ni piedra, ni forma.
Solo profundidad.
Una profundidad que no cabía en el mundo.
Las pantallas del planeta colapsaron en una sola imagen: un ángulo imposible,
una geometría que dolía pensar,
una verdad que no podía existir…
y sin embargo… estaba.
“Uno”, susurró algo, pero no en palabras.
Lo dijo en la estructura misma de la realidad,
reordenando la materia como si fuese recuerdo.
No era un Dios.
Era lo que queda cuando la idea de Dios muere.
como papel mojado en manos invisibles.
Luego los nombres.
Luego los rostros.
Las personas comenzaron a olvidar dónde terminaban.
Sus cuerpos no caían…
se desalineaban.
Sus ojos miraban direcciones que no existían,
y quienes intentaban cerrar los párpados
descubrían que ya no tenían párpados…
solo percepción.
La mentira no era histórica.
No era política.
No era humana.
Era estructural.
El universo entero era una narración mal traducida,
una versión simplificada
de algo que no podía ser comprendido sin destruirse.
Y la esfinge—
ese antiguo error en la arena—
no revelaba…corregía.
Cada grano de polvo comenzó a vibrar con intención, cada átomo recordando su forma original,
una forma que no incluía a la humanidad.
Y en medio de la desintegración del sentido,
cuando ya no existía el yo, ni el otro, ni el todo,
quedó una certeza final,
afilada como infinito:
Nunca fuimos creados.
Fuimos… tolerados.
Y aquello que observa desde fuera del concepto de existencia
no odia,
no ama,
no juzga.
Solo ajusta.
















