domingo, 13 de abril de 2014

Tragedia en Valparaiso.

Si hace una semana fue el terremoto 8,2 en el norte en Iquique, ahora en la zona central de Chile, en Valparaiso hay un incendio descontrolado, el cual lleva dos días, todo inicio ayer sábado 12, ya cuando se pensaba que se tenia controlado los focos hoy en la mañana, ya iniciando la tarde y por efecto de viento se reavivo el fuego en varios sectores, y debido a los pocos accesos que se tienen a las localidades que se incendian dificultan el accionar de bomberos, en este momento siendo pasado las 23 horas, el fuego es cada vez peor...







Noticia en desarrollo...

CarlosMxAx

sábado, 12 de abril de 2014

Sin rumbo fijo...


Logre meter mi vida en un mochila
Solo basta mi cámara fotográfica y mis recuerdos
Una botella de agua para hidratarme
Pasajero en transito, sin rumbo fijo




CarlosMxAx

domingo, 6 de abril de 2014

Todo OK!!

    Después del medio susto que nos dimos a inicio de semana en el cual valió por dos, ya que el martes aproximadamente a las 21:00 horas temblor muy fuerte en el epicentro mismo fue de 8,2 en Iquique, mientras que en Calama, donde me encontró, fue de 6,0 aprox. movimiento muy fuerte y largo diría que fue de 2 minutos como minino, eterno por decir lo menos, en cualquier momento pensaba que va a reventar y hasta acá llegamos, por lo menos en Calama, solo susto pero al otro día viendo la TV, veo que en la zona del epicentro quedo todo muy mal, nota aparte lo malo de la TV que en vez de ayudar a la gente no falta el desubicado que dice que este no fue el esperado, ya que como se sabe en la zona es espera un megaterremoto, pero creo que no es momento de alarmar más a la población.

   El segundo susto fue el día miércoles aproximadamente a la misma hora del martes un sismo grado 6, pero el de las 23hrs fue de 7,8; en Calama me encontraba en la cama, solo miro al techo veo a mis lados, que no caiga nada, despacito me pongo zapatillas, ya que prácticamente estamos durmiendo vestidos, y solo me digo "ya pues Flaco deja de mover la tierra", y con calma trato de salir al patio, igual fue muy largo. Alarma de tsunami en toda la costa chilena, nuevamente la gente en estado de shock en las zonas cercanas al epicentro, nuevamente la tv haciendo leña del árbol caído, inclusive llegando a la vergüenza ajena en pleno movimiento entrevistando a los evacuados que les parece el terremoto, en fin que cada saque sus conclusiones.

   Espero que esta semana no pase nada mayor, y sin más que decir les dejo letras prestadas de un coterraneo, Hernan Rivera Letelier, espero que sea de su agrado...



La Fiesta de los signos de puntuación

La noche de la fiesta de los signos de puntuación dos cosas preocupaban a los organizadores: una, que el fuerte viento que soplaba en la ciudad amilanara el ánimo de los invitados y, dos, que se fuera a presentar demasiado temprano el Punto Final, ese aguafiestas infaltable a toda reunión de camaradería.
Pero la cosa estaba funcionando. El malón se había iniciado a la hora y los invitados trataban de entretenerse lo mejor que podían. Ahí estaban los tildes saltando como niños sobre los muebles; ahí los puntos y seguido y los puntos y aparte mirándose desde lejos, hoscamente; ahí los puntos suspensivos, con su gesto siempre enigmático, conversando bajito entre ellos, dejando todo a medio decir; ahí los dos puntos metiéndole conversa a medio mundo y dando la impresión de ser los que más se divertían en la velada. Los puntos y comas, únicas parejas casadas entre los invitados, bailaban mejilla a mejilla en medio de la pista, mientras sus hijas gemelas, las comillas, sentadas modositamente en el suelo leían las carátulas de los discos o miraban los álbumes fotográficos de los dueños de casa.

Sin embargo, cada timbrazo en la puerta hacia estremecer de susto a los fiesteros. Mirándose entre ellos, le bajaban el volumen a la música y se quedaban un rato silenciosos y expectantes, pensando en que podía ser el Punto Final. Cuando el invitado más cercano a la puerta, luego de mirar por el ojo mágico, abría y el que entraba era un signo de interrogación preguntando si acaso estaban todos sordos que no oían el timbre; o se trataba de un alharaco signo de exclamación que llegaba gritando que afuera el viento era un verdadero vendaval, carajo, que vengo más helado que callo de pingüino, entonces todos respiraban tranquilos, subían de nuevo la música y continuaban el bailongo.

En un momento dado, cuando la fiesta estaba en su apogeo y no faltaba casi nadie, para evitar más sobresaltos, y a iniciativa de dos guiones de aspecto categórico, se acordó no abrir la puerta a ningún invitado más. No fuera a ser cosa que en una de esas apareciera el Punto Final.
Y ahí estaban, divirtiéndose y pasándola a todo trapo, cuando a eso de la medianoche el ¡ring! del timbre dejó a todos nuevamente paralizados. Un acento gráfico que se acercó a mirar por el ojo mágico dijo en tono tranquilizador que no se preocuparan, que era sólo el asterisco.
-Debe venir borracho como siempre –opinaron roncamente unos corchetes, que por no encajar en ninguna conversación eran los que menos se divertían.

Se armó entonces una ácida discusión sobre si era conveniente o no dejarlo entrar. Algunos opinaban que de ninguna manera, que el asterisco no era más que un paracaidista desvergonzado, que no tenía nada que hacer ahí. Otros, en cambio, decían que en verdad el asterisco era un punto con sus facultades mentales perturbadas, pero punto al fin y al cabo.
"Se cree un león melenudo", dijeron graciosamente una comillas.
Desde su rincón en penumbras, un punto y aparte de expresión amilicada dijo que el asterisco no era loco ni cosa parecida, sino un intelectual demasiado fino. O sea un maricón redomado. Y que si de él dependiera lo dejaría helar de frío allá afuera sin ninguna contemplación.

Entonces, una liberal coma de poema erótico terció para decir que si se había dejado entrar a las cremillas, que eran unas lesbianas declaradas, no veía por qué no iba a entrar el asterisco. Que si era por discriminación sexual entonces tampoco debían de haber dejado a ese par de viejos verdes, dijo, apuntando con su copa a unos paréntesis que en un ángulo de la sala le habían hecho una encerrona a unas comas livianas de cascos ( de esas de enumeración caótica) que se morían de la risa.

Cuando al final se decidieron a abrir, el fiasco fue mayúsculo. El Punto Final irrumpió ordenándose el pelo y rezongando que el viento de mierda lo había despeinado todo, que con esa chasca debía parecer un puto asterisco. Y, acto seguido, cuadrándose ruidosamente en medio de la pista, rugió asnal y asmático que hasta allí llegaba el sarao.
-¡Se acabó la farra, señores!"

“La fiesta de los Signos de Puntuación” Hernán Rivera Letelier (chileno)
de su libro Canción para caminar sobre las aguas.




CarlosMxAx